Maestra católica dedica una carta a sus colegas en el Día del Maestro

 

QUERIDOS COMPAÑEROS DOCENTES CATÓLICOS:

 

Estimados compañeros, en esta celebración del día del maestro, quiero dirigirme a ustedes con mucho cariño y desearles felicidades en su día y muchas bendiciones en sus labores cotidianas.

Nuestra verdadera razón de ser son los niños que nos han confiado para dirigir en este proceso que llamamos educación. Educar no es fácil, sin embargo, podemos encontrar en nuestro quehacer diario, la oportunidad de formar a las nuevas generaciones, para que sepan entrar en relación con el mundo, orientando sus vidas hacia un encuentro con Dios en el hoy, impregnando su propia vida y su entorno del amor a Dios y el respeto a la vida. Nuestro reto es sembrar la semilla del amor y cuidar el cultivo para ver los frutos de nuestras obras.

Quiero animarlos a continuar haciendo su trabajo con esmero y alegría, y aunque a veces sentimos desfallecer por las adversidades que a diario vivimos, pido a Dios la luz del Espíritu Santo, que guíe nuestro rumbo “El Paráclito, como lo cita la Sagrada Escritura:” El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan. 14, 26). El Espíritu Santo guía a la Iglesia en el mundo y también guíe la profesión que hemos elegido. Que nos consuele en momentos difíciles y nos dé el discernimiento para enseñar con amor y sabiamente.

Es necesario pensar a la luz del Espíritu Santo, que los alumnos necesitan de nosotros, el buen ejemplo, el testimonio de vida y, sobre todo, que, al enseñarles y orientarles, nos donemos tal y como Jesús donó su vida por amor a nosotros. La realización del hombre de hoy se logrará con éxito si nosotros sus maestros, somos maestros a ejemplo de Jesús. Es esencial, por tanto, amar nuestra misión, nuestra vocación y nuestra profesión, ya que somos para los alumnos como un espejo, en el cual verán reflejado lo que somos, lo que les demos sin reservas.

 

Deseo compartirles estas palabras del Papa Benedicto XVI: La transmisión de la fe es parte irrenunciable de la formación integral de la persona, porque en Jesucristo se realiza el proyecto de una vida lograda; “quien sigue a Cristo, el hombre perfecto, se convierte también él en hombre”. Nuestra realización se logra, cuando vemos en nuestros alumnos las pruebas superadas. Renovemos, pues, nuestra pasión por la docencia y por el alumno en su proceso formativo y seamos su esperanza.

Otra propuesta para nosotros y de inspiración del Papa Francisco es, trabajar por la inclusión ya que esa ha sido desde antiguo, la misión de la iglesia, incluir en su regazo a los más desprotegidos. Y la escuela que quiera seguir ese rumbo, deberá abrir los espacios de diálogo para responder y solucionar los nuevos problemas que enfrenta la sociedad.

Pensemos por un momento, qué huellas han dejado nuestros formadores en nosotros, ¿Cuál alumno nos quita el sueño? ¿Cuáles alumnos demandan mejor atención de nuestra parte?, Si hoy nosotros estuviéramos sentados en el lugar de nuestros alumnos, ¿Qué esperaríamos de nuestros docentes? Si hoy pudieses volver a elegir nuevamente, ¿Serías docente y educador de niños y adolescentes? Si hoy cerrasen todas las escuelas, ¿Dónde irías, ¿Qué harías con tu vida y qué harían nuestros niños y adolescentes sin un docente? Sin lugar a duda, las respuestas las tienes tú, debes darte cuenta de lo valioso que eres, de lo valiosas que son tu misión y tu profesión.

En una sociedad en crisis, de todo tipo, donde se ha perdido el valor de las cosas importantes; donde a lo errático le damos el valor de la verdad; donde hemos perdido el sentido de pertenencia en la vida espiritual; la no necesidad de Dios y falta de reglas que rijan nuestra vida: Los docentes católicos y no católicos somos llamados a ser luz en las tinieblas.

Mis amigos y compañeros: Debemos ser como el Buen Pastor:  Es el pastor quien sabe presentar las luces que deben orientar la guía del rebaño. Decididamente apostemos por la esperanza que sólo puede dar el horizonte de fe y de adhesión vital a la persona de Jesús.

Que Dios los bendiga y les dé la fortaleza para seguir cumpliendo su misión.

Con cariño fraterno:

 

 

 

 

 

 

Licenciada Rosalina Herrera Rivera.