¿Qué significa vivir como enemigo de la Cruz de Cristo?

Sé que les puede parecer extraño pensar: ¿Enemigos de la Cruz?; pero, la sociedad misma está siendo muy libre en su forma de actuar, alejada de las advertencias de Cristo en su Palabra. Precisamente, los considerados “enemigos”, que se dicen cristianos, son los que basan su vida en cosas vanas y no en la verdadera vida de Cristo, que implica su Cruz.

Pero, ¿qué quiere decir ser enemigo de la cruz de Cristo?, es estar en contra de la voluntad de Dios, no hay otra manera de decirlo. El Evangelio de Jesucristo, que se predica para la salvación de la persona, es confrontador con aquel que peca y lo manipula; esto trae consigo enemistades y opositores. Muchos no quieren que los exhorten o amarguen el camino y su Evangelio es sin cruz. No puede haber Evangelio verdadero, si no hay renuncia a lo mundano que atenta contra la santidad de Dios, y esa cruz para muchos es difícil de seguirla.

Los enemigos de la cruz de Cristo no quieren perder su vida en este mundo; ellos quieren disfrutar el día, olvidarse del sufrimiento por causa de Cristo. Buscan su felicidad apartados de Él y no les importa las consecuencias que puedan tener. Ellos están únicamente disfrutando de los placeres.

En Fil. 3,17 dice: “Hermanos: Sean todos ustedes imitadores míos y observen la conducta de aquellos que siguen el ejemplo que les he dado a ustedes. Porque como muchas veces se lo he dicho a ustedes y ahora se lo repito llorando, hay muchos que viven como enemigos de la cruz de Cristo. Esos tales acabarán en la perdición, porque su dios es el vientre, se enorgullecen de lo que deberían  avergonzarse y solo piensan en cosas de la tierra”.

Y continúa diciendo: “Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro Salvador, Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas”.

Al meditar estas palabras, nos debe ayudar a ver la cruz de Cristo como una forma de darle sentido a nuestro sufrimiento. No debemos desesperarnos por las situaciones difíciles por las que pasamos, más bien, debemos descubrir en Jesús crucificado el modelo a seguir en la vida cristiana. No debemos tener miedo a entregarle nuestra vida al Señor, porque Él ya entregó su vida por amor a nosotros.

Nuestro reto es a no dejarnos vencer por las tentaciones que nos alejan de Cristo; al contrario, debemos ver la cruz de Cristo como nuestro motivo para salir adelante. Jesús mismo nos dice: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”. (Mc. 8, 34).

Mi bendición,

Pbro, Edwin Baños.